Cuando la luna roza la vela que cubre la tierra, la suave manta de Morfeo se rompe, y aquellas criaturas que Dios dotó con el canto de la mañana, alzan la cabeza y comienzan el clamor que mueve la tierra y todo se pone en movimiento. Allá, en la tierra, una estela de luz deja rastro un carro de metal veloz, más, probablemente, que la bestia más rápida de toda la tierra. Se llama coche.
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